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Mi error fue buscarte en otros brazos. Parte 1 – Moruena Estringana

Laia escuchó como sonaba el timbre mientras terminaba de ponerse sus zapatillas nuevas. ¡Al fin su madre se las había comprado! Eran las que ahora llevaban todas sus compañeras de sexto curso. Le parecían simplemente fantásticas y estaba deseando que se las vieran puestas. Se levantó de la cama y salió corriendo de su cuarto para enseñárselas a su madre una vez más y que apreciara lo acertada que había sido su compra, pues el precio merecía la pena solo por lo bien que le quedaban. Comenzó a bajar las escaleras de dos en dos, pero cuando iba por la mitad cometió un gran error, pues al levantar los ojos del suelo y ver al joven que acompañaba a su hermano, perdió el equilibrio y tropezó. La niña se precipitó hacia delante, pero alguien fue más rápido y la cogió en brazos antes de que se cayera escaleras abajo. —¿Te encuentras bien? Cuando la muchachita alzó la vista y contempló los ojos plateados más hermosos que había visto en su vida pensó que no, que ahora mismo no se encontraba bien. Acababa de hacer el mayor ridículo de su vida y ese joven tan apuesto lo había visto todo. —Sí. —Se separó de él y terminó de bajar las escaleras con la poca dignidad que le quedaba. —No te preocupes, todos hemos tropezado alguna vez; lo importante es saber levantarse. Además, te has tropezado y levantado con mucho estilo. La niña sonrió y se volvió hacia él para admirar una vez más al apuesto joven. Curiosamente, él no se había reído, como no paraba de hacerlo su hermano Ángel, que seguía desternillado en el vestíbulo. —Yo tengo mucho estilo, sobre todo a la hora de levantarme —dijo alzando la barbilla y tratando de parecer más mayor, demostrándole su confianza en ella misma. —No lo dudo. Me llamo Adair, ¿y tú? —Laia. Ambos se miraron sin decir nada más, pero por el joven e inexperto corazón de Laia empezó a latir algo que nunca antes había sentido. Algo que no tardaría en transformarse en amor. Lo que ambos ignoraban era que desde ese instante sus vidas estarían unidas y que aprenderían que, a veces, amar no es suficiente…, ¿o sí? CAPÍTULO 1 LAIA —¡Va a ir genial! —me comenta sonriente mi novio, Carlos. —Sí, genial. —Trato de sonreír, aunque mi voz suena despojada de toda emoción. No he dejado de sentir un amasijo de nervios desde que me recogió en casa de mi tía para pasar unos días de verano en casa de mis padres. Hace más de un año que no vengo al pueblo. Los estudios me tienen muy ocupada, por lo que hasta ahora han sido mis padres y mi hermano los que siempre han venido a verme a mí.


Me parece increíble cómo ha pasado el tiempo. Acabo de terminar mi primer año de carrera y he aprobado todas; algunas por los pelos, pero me siento orgullosa de mí misma. Me fui de casa cuando tenía diecisiete años, casi dieciocho; y ahora, con diecinueve, quiero pensar que ya no soy esa niña ilusionada y enamorada de Adair. Que en este año he vivido experiencias nuevas que me han hecho madurar y han dejado el pasado atrás. Eso es lo que creo pero, aun así, sigo sintiendo un gran peso en mi estómago y sé que el motivo de no haber venido antes a visitar a mi familia ha sido él. Mi idea era regresar solo cuando hubiera conseguido olvidarle, y creo que lo he hecho… Cuando me fui, ya había aceptado que él nunca sería para mí, que ya era hora de seguir adelante y dejar mi amor platónico de la infancia atrás. Sin embargo, a veces es más fácil decirlo que hacerlo. Me ha costado mucho dejar de pensar en él por el día y soñar con él cada noche. Por suerte, cuando apareció Carlos todo comenzó a tomar un rumbo diferente y Adair pasó a un segundo plano en mi mente… o eso quise creer. Observo a Carlos mientras conduce. Llevamos seis meses juntos y soy feliz a su lado. Lo pasamos bien y, además, es muy guapo. Es moreno, lleva el pelo corto de punta y sus ojos azules me miran con calidez. Es justo lo que necesito. Estoy contenta por regresar al pueblo con Carlos y poder mirar a Adair a los ojos sin sentir nada… Me llevo la mano al estómago, pues este ha decido pensar lo contrario. Me autoconvenzo de que estos nervios son por volver a casa, no por ver de nuevo a Adair.

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