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Mi cuñada – Tierra Salvaje

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual. VACACIONES CON MI NOVIA Y MI CUÑADA Como casi todos los estudiantes estaba deseando que llegara el fin del curso y aquel año, tenía dos motivos extras para desear que llegara a su fin. El primero, el tan temido examen de selectividad que debía permitirme acceder a la universidad y aunque me considero buen estudiante, un mal día lo puede tener cualquiera. El segundo, el viaje de fin de curso donde íbamos a poner fin a una etapa de nuestra vida y a despedirnos de los compañeros con los que habíamos compartido tantas cosas. Además, iba a ser un viaje que prometía mucho ya que para muchos iba a ser la primera vez que viajábamos sin el amparo de nuestros padres y todo eso gracias a Manu, nuestro tutor. Todo surgió cuando la primera opción de nuestro viaje de fin de curso fue Ibiza, pero nos encontramos con el rechazo de muchos de los padres, pero ahí apareció él y propuso cambiar el destino a Mallorca, pero con la condición de que no fueran padres con nosotros, solo dos profesores como acompañantes. Y para nuestra sorpresa aceptaron y nosotros encantados. En Mallorca podíamos divertirnos igual y sin padres más todavía. Y si encima uno de los profesores que nos acompañaba era nuestro tutor, pues mejor que mejor. Y es que Manu es el típico profe enrollado que siempre está de broma y cae bien tanto a alumnos como a padres. Llegó a nuestro instituto tres años atrás y enseguida se integró pareciendo que llevara toda la vida allí. Se ganó el cariño de todos y sobretodo el de ellas. A sus 35 años, soltero, atractivo y con un cuerpo bien cuidado junto a su forma de ser campechana era un hombre que atraía a las mujeres y las malas lenguas decían que había tenido alguna aventura con alguna de sus compañeras maestras y con madres de sus alumnos, alguna de ellas casada. Pero como digo, eran rumores. Solo faltaba elegir al otro profesor que nos acompañaría al viaje y yo rezaba para que la elegida fuera mi cuñada Eva, otra de las preferidas por los alumnos. Eva también hacía relativamente poco que trabajaba en nuestro instituto, dos años, pero yo ya la conocía de antes. Empezó a salir con mi hermano Sergio cuando ambos estudiaban en la universidad y cuando acabaron sus estudios y empezaron a trabajar, se fueron a vivir juntos. Hijos de la misma madre, pero de distinto padre, los diez años que nos llevábamos hizo que nuestra relación fuera especial. Más que hermanos, nuestra relación era paternal ya que él prácticamente se había hecho cargo de mí desde que tenía uso de razón. Por eso motivo, mi trato con Eva también era especial y la consideraba una amiga, una hermana mayor. Lo que no quitaba que no me diera cuenta de lo bella que era. Con sus 28 años, cuerpo atlético, media melena rubia, ojos claros, unos pechos generosos y un culo digno de admirar era una mujer que levantaba pasiones entre alumnos y profesores, motivo por el que muchos querían que fuera ella la escogida para acompañarnos. Y no los culpaba por ello, yo ya la había visto en bikini y era una imagen difícil de olvidar.


Al final, para nuestro jolgorio, fue ella la escogida y estábamos todos cada vez más emocionados con aquel viaje que cada vez pintaba mejor. Al final llegaron los exámenes y todo salió según lo previsto para alivio mío y de muchos. Y a todo esto llegó la víspera de nuestra partida a Mallorca. Mi hermano, para que saliéramos todos juntos, nos propuso a mí y a mi novia Marta que pasáramos la noche en su casa, así él nos podría acercar al puerto a los tres a la mañana siguiente. Aceptamos encantados y aquella noche nos trasladamos a su casa con nuestro equipaje despidiéndonos allí de nuestros respectivos padres. Marta y yo llevábamos saliendo un año, con ella había perdido mi virginidad y la quería con locura. Algo más baja que mi 1,80, con un cuerpo bien estilizado fruto de su pasión por la natación, afición que ambos compartíamos, tez morena, ojos verdes, cabello largo negro como la noche y con unos atributos que quitaban la respiración, Marta era una de las chicas más guapas del instituto cosa que me llenaba de orgullo, me encantaba sentir las miradas de envidia del resto de mis compañeros. Esa noche cenamos pronto y nos fuimos a la cama ya que al día siguiente había que madrugar. Mi hermano Sergio nos había dado habitaciones separadas a Marta y a mí, pero yo no pensaba desaprovechar la oportunidad de disfrutar de su compañía, a nuestra edad no siempre podíamos disfrutar de una cama y una noche por delante para follar como dios manda. En cuanto sentí que se acostaban mi hermano y mi cuñada, me escabullí sigilosamente de mi habitación practicando para lo que seguramente iba a ser una constante durante nuestro viaje a Mallorca. Su puerta estaba entornada lo cual me dio a entender que ella deseaba lo mismo. Al entrar, ajusté la puerta sin cerrarla y me dirigí a ella quitándome el bóxer por el camino. Marta me esperaba sentada en el filo de la cama quitándose la camiseta que ocultaba sus grandes tetas mostrándome que estaba tan excitada como yo. Cuando llegué a su altura se apresuró a sujetar mi polla que empezó a crecer rápidamente fruto de sus caricias y no tardó en engullirla para acabarla de poner a tono. No tardó mucho, la chupaba de miedo y enseguida mi polla estaba dura y lista para pasar a la acción. Ella misma se quitó sus braguitas, se tumbó en medio de la cama abriéndose de piernas e invitándome sugerentemente a que la acompañara. Me subí a la cama deseoso de cumplir sus demandas, me coloqué entre sus piernas rozando con mi polla la entrada de su coño y empecé a empujar clavándosela hasta el fondo sin dificultad de lo caliente que estaba. Llevábamos varios días sin follar así que ambos nos teníamos ganas. Yo imprimí un ritmo rápido desde el principio, embistiéndola con ganas mientras ella movía sus caderas amoldándose a mi ritmo y acentuando las placenteras sensaciones. Sus piernas se enroscaron en mis nalgas animándome a empujar más fuerte, sus manos se abrazaban a mi espalda mientras su boca no dejaba de susurrarme para aumentar mi calentura. ―Dame fuerte cabrón, fóllame como tú sabes, quiero sentir tu leche dentro, hazme gritar como a una perra… Follamos sin descanso, sin darnos tregua hasta alcanzar los dos nuestro orgasmo quedando los dos rendidos sobre la cama. Fue entonces cuando me pareció que la puerta de la habitación estaba más abierta de lo que yo la había dejado, pero no le di importancia pensando que habría sido un golpe de aire o algo así. Me levanté y volví a ajustarla sin cerrarla. Fue entonces, al acostarme al lado de mi novia, cuando sentimos los gemidos en la habitación de al lado. Mi hermano y mi cuñada debían habernos oído habiéndose animado a darse una alegría antes de la partida.

Sentirlo follar hizo que nos calentáramos de nuevo, Marta empezó a acariciar mi polla de nuevo mientras mi mano se colaba entre sus piernas acariciando sus labios y buscando su inflamado clítoris. Así estábamos cuando cesaron los gemidos de forma súbita quedándonos los dos con cara asombrada. ¿Ya estaba? ¿Cuánto había durado? Si apenas debía haber llegado al minuto… A Marta se le escapó la risa y un “vaya mierda de polvo”. ―Enséñale a tu hermano lo que es un polvo de verdad ―me dijo. Se giró ofreciéndome su grupa y yo no tardé el metérsela desde atrás, follándola con mis manos aferrando sus caderas para poder empujar aún con más fuerza. Ella, sabiendo que la debían estar escuchando, no se cortaba en gemir y yo, viendo a mi novia desatada y consciente que tanto mi hermano como Eva debían estar escuchándonos, seguramente desnudos en su cama, me hizo volverme loco. Arremetí con dureza contra ella, como nunca había hecho, haciéndola perder el equilibrio quedando Marta con su cabeza hundida en la almohada y su culo aún más alzado.

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