debeleer.com >>> chapter1.us
La dirección de nuestro sitio web ha cambiado. A pesar de los problemas que estamos viviendo, estamos aquí para ti. Puedes ser un socio en nuestra lucha apoyándonos.
Donar Ahora | Paypal


Como Puedo Descargar Libros Gratis Pdf?


Mentiras consentidas (Bergman 6) – Hans Rosenfeldt . Michael Hjorth

Octubre trajo el invierno. Había sido un año extraño en cuanto al clima. La primavera no había empezado de verdad hasta finales de mayo. Nevó tanto en los birretes de los estudiantes del último curso del instituto como en la tradicional y concurrida fiesta de Valborg, y también en la manifestación del Primero de Mayo, al día siguiente, donde había bastante menos gente. El verano se hizo esperar hasta finales de junio, y en la semana después del solsticio la temperatura subió por primera vez por encima de los veinte grados, aunque, por otra parte, el calor se mantuvo hasta mediados de septiembre. Después fue como si no hubiera habido otoño. El 8 de octubre empezó a nevar de nuevo. Cuando los habitantes de Uppsala subieron las persianas por la mañana se encontraron con un manto fino y blanco en forma de polvo. Naturalmente, poco más de cuatro meses sin nieve daba alas a los que negaban el cambio climático. «Pues a mí no me parece que la Tierra se esté calentando, qué quieres que te diga.» «Nadie te ha preguntado», quería responder Klara cada vez que oía aquella frase gastada, al ver la sonrisita de satisfacción que a menudo la acompañaba. El cambio climático era real en todos los sentidos. Klara estaba segura de ello después de cursar tres años de estudios de Ciencias del Medio Ambiente en Lund y un máster en Desarrollo Sostenible en casa, en Uppsala. Muchos años de investigación alrededor del mundo hablaban claro, independientemente de lo que se viera por la ventana de la cocina en el mes de octubre. «Pero hace mucho frío», pensó al salir del local donde impartía el curso, unos minutos antes de las nueve de la noche, y se abrochó el abrigo demasiado fino que llevaba. Como siempre, se había quedado a recoger y a ordenar todo después de que se fuera el último alumno. Tapizado de muebles. De 18.30 a 20.30, con inicio el 15 de septiembre. Nueve sesiones. Aquella noche era la quinta. Klara disfrutaba al ver los progresos que hacían todos. Adoraba dar aquellos cursos. Era el cuarto año.


Se aseguró una vez más de que la puerta quedara bien cerrada y empezó a bajar por la calle Östra Ågatan. El frío la hacía dar pasos rápidos. Sonó el teléfono, lo cogió, contestó con una pequeña sonrisa de sorpresa. —Hola, pequeño, ¿no duermes? —¿Cuándo vuelves a casa? —dijo la voz cansada de Victor. Lo vio sentado en el sofá con su pijama de Spider-Man, los dientes cepillados, el pelo despeinado, luchando por mantener los ojos abiertos. —Voy de camino al coche, así que llego dentro de un cuarto de hora o veinte minutos. ¿Pasa algo? —La herida. La semana anterior, antes de que nevara, su hijo había tenido una clase de orientación espacial como parte de la asignatura de gimnasia, había tropezado con algún tipo de chatarra oxidada que alguien había tirado en el bosque y se había hecho un corte en la pierna. Le habían dado cinco puntos y cada noche tenía que cambiarle la venda. —¿No lo puede hacer papá? —Tú lo haces mejor. Klara suspiró en silencio. Siempre era agradable que la quisieran y que la reclamasen, pero ella y Zach habían compartido la baja por maternidad y él había estado igual que ella, o más, en casa a lo largo de los primeros años de su hijo, y aun así, cuando llegaba el momento de… casi todo, Victor preguntaba más por ella que por su padre. Klara veía que a Zach le sabía un poco mal ser siempre la segunda opción. —Pero yo no estoy en casa y tienes que dormir —intentó convencerlo al mismo tiempo que tomaba la calle Ångkvarnsgatan. —¿Y la herida, qué? —Deja que papá lo haga y te vas a dormir. Si estás despierto y no está bien vendada, te vuelvo a poner yo la venda. La propuesta fue recibida en silencio, como si el niño de ocho años intentara descubrir si de alguna manera lo estaban engañando. —¿Hacemos eso? —preguntó Klara. —Vale… —Bien. Un beso. Nos vemos mañana. Acabó la conversación y se metió el teléfono en el bolsillo, pero no sacó la mano. Realmente, hacía frío. ¿Había hecho bien? Si Victor estaba despierto cuando llegaba a casa y le cambiaba el vendaje, ¿no sería como reconocer que Zach no lo hacía tan bien como ella? ¿Debería haber sido más dura? ¿Debería haber dicho que su padre le cambiaría la venda y que se fuera a la cama, y punto? No ofrecer alternativas. Negarse a repetirlo.

Seguramente. «En el mejor de los casos, Victor estará durmiendo cuando yo llegue y no habrá ningún problema», pensó mientras se acercaba al aparcamiento. Había seis plazas en el patio interior cuadrado. Dos eran de la escuela Studiefrämjandet. El Polo azul de Klara estaba al fondo, en el rincón, y era el único coche que quedaba. Klara se detuvo. Estaba todo oscuro. Más de lo normal. Las casas de alrededor eran oficinas y locales de asociaciones, ya sin luces a esa hora. Así solía encontrárselas, pero esa noche también estaban apagadas las luces de la fachada. Klara no sabía dónde estaban los interruptores, aunque pensó que alguien las habría apagado por error. Se dio cuenta de que ése no era el caso cuando llegó a su coche mientras los ojos, poco a poco, se le iban acostumbrando a la oscuridad. En el suelo, junto a la fachada al lado del vehículo, había cristales rotos. La farola estaba rota. ¿O se había soltado de su sujeción y se había caído al suelo? Como las dos luces estaban estropeadas, lo más probable era que alguien se hubiera estado divirtiendo rompiéndolas. A pesar de considerarse todavía joven, Klara no pudo por menos que pensar: «Jóvenes, seguro». Quizá planteárselo así era lo mejor. Que el vandalismo y otros comportamientos incívicos formaban parte de cierta inmadurez. Aunque los indicios que iban apareciendo en la sociedad señalaban que no se trataba de eso.

.

Declaración Obligatoria: Como sabe, hacemos todo lo posible para compartir un archivo de decenas de miles de libros con usted de forma gratuita. Sin embargo, debido a los recientes aumentos de precios, tenemos dificultades para pagar a nuestros proveedores de servicios y editores. Creemos sinceramente que el mundo será más habitable gracias a quienes leen libros y queremos que este servicio gratuito continúe. Si piensas como nosotros, haz una pequeña donación a la familia "BOOKPDF.ORG". Gracias por adelantado.
Qries

Descargar PDF

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

bookpdf.org | Cuál es mi IP Pública | Free Books PDF | PDF Kitap İndir | Telecharger Livre Gratuit PDF | PDF Kostenlose eBooks | Baixar Livros Grátis em PDF |