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A mil pasos de ti (Bailamos 3) – Chris Razo

Gracias, mi loquita, por estar al pie del cañón, incluso cuando las tormentas parecen interminables. Gracias por ser la madre de Mario, por imaginarme esa escena contigo en la playa tantas veces. Porque cuando la leo, sigo sonriendo. Eres una persona estupenda, y espero poder cobrarme pronto todos los achuchones que te debo. Te quiero, Joaky. Capítulo 1. Tiempo para pensar Laura Mi vida se ha convertido en un auténtico caos. Mi relación con Mario ha terminado. Bueno, terminar… ni yo misma sé cómo estamos. Lo único que sé es que me he ido de casa y he cancelado la boda. Lo más importante de una relación es la confianza. Algo que yo ya he perdido. Puede que esos mensajes no signifiquen nada, o puede que sí, que haya vuelto a las andadas y que vuelva a ser el mismo de siempre. ¿Por qué quiere casarse conmigo si se mensajea con otra mujer? Yo creía que las cosas entre nosotros estaban bien. Habíamos superado tantos obstáculos. ¡Estábamos preparando una boda! Mientras que yo elegía las cosas para el que iba a ser el día más importante de nuestra vida, él, probablemente, estaba revolcándose con otra. Puede que haya estado muy ciega y no haya querido ver lo que estaba ocurriendo. He decidido poner distancia. Tratar de aclarar mis ideas y venirme al sur. Mi propósito: tratar de descansar y pensar en qué hacer. Mario no ha dejado de llamarme, escribirme, por lo que he decidido bloquearle. No pienso derramar ni una sola lágrima más. No se merece que lo haga. Yo jamás hubiera hecho algo así, y menos cuando estoy pensando en casarme con otra persona. No creo que sea capaz de perdonarle.


Dos días después, paseando por la playa de Barbate, el destino vuelve a ponerme a prueba: Jaime. Está allí. Puede que nuestro reencuentro no sea solo una simple coincidencia. Cuando le veo, dudo de que sea él pero, enseguida, me doy cuenta de que no hay lugar a error. Es una coincidencia, pero es así. Jaime está en el mismo sitio que yo. Me acerco a él, y le toco la espalda. Se da la vuelta asustado pero, rápidamente, me devuelve una sonrisa y me abraza con mucho cariño. —¡No puedo creerlo! Pero ¿qué haces aquí? —pregunta sorprendido. —¡Eso mismo te iba a preguntar yo a ti! ¡Qué bien te veo! —¿Bien? Es solo la fachada. ¿Cómo te va todo? La última vez que hablamos estabas liada con los preparativos de la boda. —Mi sonrisa desaparece de la cara y se hace un silencio. —¿Ocurre algo? —pregunta Jaime. —Han ocurrido muchas cosas, pero no quiero hablar de eso ahora. Cuéntame tú cómo te va, y qué haces aquí. —¿Yo? He venido a desconectar. Mi vida no va del todo bien. —¿Qué ha pasado? —Mal de amores. Parece que estoy destinado al fracaso. He roto con Tania. —Lo siento, Jaime. —Yo también, pero la vida sigue. Tendré que asumir que el amor no es lo mío. —¡No digas tonterías! —Es la verdad. No sé qué ocurre, pero no consigo que ninguna relación salga bien.

Tal vez sea yo el problema. —¡No quiero escuchar eso! Claro que tú no eres el problema. Solo es un golpe de mala suerte. —Yo estoy cómo tú. Creía que mi relación era perfecta, pero parece que también estaba equivocada. —¿Has roto con Mario? —Sí. He cancelado la boda. Necesito pensar. Ya no estoy segura de querer casarme, y creo que él tampoco lo está. —No me puedo creer lo que me dices. —Han pasado cosas muy serias, Jaime. He perdido la confianza en él y supongo que, si se pierde eso, ya no queda nada. —Si necesitas hablar… —Ahora no. Solo quiero que me invites a tomar algo y que me cuentes cómo te va por el colegio. Quiero que me cuentes cosas alegres. Lo necesito. —¡Eso está hecho! Me toma la palabra, y vamos a un chiringuito que hay cerca de la playa. Encontrarme con Jaime me ha devuelto la sonrisa. Después de derramar tantas lágrimas, parece que el sol ha vuelto para mí. Mario Hace cuatro días que Laura se marchó de casa. No me coge el teléfono, no responde a mis mensajes… No sé dónde puede estar. Tampoco sé que ha podido suceder para que se haya marchado, y mucho menos, para que cancelara la boda. Estábamos bien, y de repente, me dijo que no estaba segura de querer casarse conmigo. Solo puedo pensar que haya aparecido otra persona en su vida, y ese sea el motivo de que me haya dejado. La casa sin ella se me cae encima.

No soporto llegar y no verla. Acostarme y saber que no está a mi lado, que no me abrazará en medio de la noche, y que no me despertará con un beso cuando se vaya. ¿Qué es lo que ha pasado entre nosotros? No aguanto más la agonía y llamo a Diego. Responde inmediatamente. —¡Qué pasa, hermanito! —Dime que sabes algo de tu hermana. —¿De mi hermana? Se supone que vive contigo, no conmigo, cabronazo. —Hace días que eso ya no es así. —¿De qué hablas? —Hace días que tu hermana se fue de casa. —¿Habéis discutido? —No. Lo mejor de todo es que no sé qué ha podido pasar. —¡Vamos, Mario! Mi hermana no se va así como así. —¿Crees que si lo supiera te iba a estar llamando? —Puede que no. ¡Joder! ¿Y dónde ha podido ir? ¿Has llamado a sus amigas? —Es lo primero que hice, pero está claro que si saben dónde está, no van a decírmelo. —Voy a llamarla. Me has dejado preocupado. —Por favor, cuando sepas algo, llámame. —Lo haré. Los minutos pasan y comienzo a ponerme nervioso. Diego no me llama, y yo ya he dado tres vueltas al salón. Espero que todo el tiempo que está tardando en decirme algo sea porque ha podido localizarla y porque está bien. Diez minutos más tarde, mi teléfono suena. —¿Has podido hablar con ella? —Sí. —¡Joder! ¿Y por qué a mí no me coge el teléfono? —Estás jodido, Mario. —¿Qué te ha dicho? —No me ha dado detalles, pero dice que ya no confía en ti, y que no cree que estar a tu lado sea la mejor opción para ella. —¡Ni siquiera sé qué he hecho! No me lo explico.

No entiendo por qué me ha dicho que no confía en mí. Todo iba perfecto. —Parece que las cosas no eran tan perfectas. —¡Vamos, Diego! ¿De verdad piensas que he podido hacerle algo? —No lo sé. Parecía muy contundente en su respuesta. —Por lo menos, te habrá dicho dónde está. —Diego se queda en silencio. —¿Tú tampoco vas a decírmelo? —Son cosas vuestras. Ya me metí una vez en medio, y sabemos cómo acabó todo. Esta vez no. —¡Esto es increíble! —Mario, es mi hermana. Sé que volverá. Solo necesita pensar. Está bien. Estate tranquilo. —¿Tú lo estarías? —¡Venga! Luego nos tomamos unas cervezas y me cuentas. —Te llamo luego. Cuelgo. Sé que Diego es su hermano, pero yo estoy preocupado. La mujer que quiero se ha ido y ni siquiera sé dónde está, si volverá. Si lo que quería era volverme loco, está de suerte: lo ha conseguido. Capítulo 2. De viaje al pasado Laura Jaime y yo hemos quedado para cenar. Tenemos que ponernos al día de muchas cosas. Encontrarle ha sido toda una sorpresa.

Ha conseguido que, por un momento, me olvide de que me he pasado los últimos días llorando. —¡Estás guapísima! —Gracias. —Me alegra verte sonreír. Cuando nos encontramos, había mucha tristeza en tu mirada. —Es que estoy triste, Jaime. Estos últimos días he pasado por unos momentos muy duros. —Sabes que puedes contarme lo que quieras. —Las cosas con Mario no van bien. Al principio todo era perfecto, nos pusimos a organizar la boda, parecía ilusionado…, pero, de repente, todo cambió. Íbamos a visitar sitios para la celebración, y a todos les ponía alguna pega. No estaba ilusionado. No estaba feliz con lo que, se supone, es un momento muy importante para nosotros. —¿Solo ha sido por eso? —No. Claro que no. Le cogí el teléfono y vi unos mensajes. Supongo que de una mujer, que le decía que le echaba de menos. Había un tonteo evidente entre ellos. Incluso en alguna ocasión, le he pillado con el teléfono y se ha puesto nervioso, y me ha dicho que eran cosas del trabajo. ¡Me mintió, Jaime! ¿Cómo me voy a casar con alguien que me engaña? —¿Qué te ha dicho él? —¿Él? No he dejado que me diga nada. No necesito ninguna explicación cuando detrás de esto hay una mentira. —Deberías darle el beneficio de la duda, puede que estés equivocada. —¿Equivocada? No, Jaime. Cuando conocí a Mario, él era un mujeriego. ¿Quién dice que no haya vuelto a las andadas? —La gente cambia. Tú le diste una oportunidad.

—Lo hice porque estaba enamorada. Porque pensé que las cosas entre nosotros saldrían bien, pero está claro que me equivoqué. Alguien que te quiere intenta que los planes de boda salgan bien. Hace que las cosas sean perfectas, y que el día más importante de nuestra vida, sea cosa de los dos. — Jaime se queda callado. Con él fue todo muy diferente. Supongo que, en ese caso, yo actué igual que Mario. Lo dejé todo en sus manos—. Siento aburrirte con mis problemas, Jaime. —No me aburres. Sabes que siempre he estado a tu lado, estos últimos meses un poco más alejado, pero siempre pendiente de ti. —Lo sé. Eres un buen amigo. Ahora cuéntame qué te ha pasado a ti. —¿A mí? Creo que el amor no es para mí. Tendré que dejarlo pasar. —¡Qué tonterías son esas! Eres un hombre maravilloso

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